El Arte Sana / El Arte Cura (Autorretratos)

Yolanda Herranz Pascual

Abstract


NI SIQUIERA SOMOS UN INSTANTE EL TIEMPO

 

 

El proyecto El Arte Sana / El Arte Cura, propone una reflexión sobre el concepto de identidad y del sentir de la existencia. Hemos tratado de aproximarnos a estas preocupaciones a través de una selección de once autorretratos que han sido materializados por medio de la imagen fotográfica.

 

Mientras que el retrato trata de expandirse en el reconocimiento del retratado y muestra como el otro te ve; sin embargo, el autorretrato es un acto de concentración, en el que nos encaminamos hacia los adentros, sumergiéndonos en los abismos de lo psicológico.

 

El autorretrato siempre es solitario y constituye el reflejo y la identificación:

de lo que fuimos y de lo que ya no somos.

de lo que pudimos ser y que aún no hemos sido.

de lo que debimos ser y que nunca seremos.

 

Aún somos… aunque nunca seremos

 

Las fotografías de nuestra obra sugieren un suceder de miradas que implican saber-se. Prometiendo una introspección en las zonas sombrías.

 

En las siluetas discernimos rostros perplejos e imprecisos… innombrables, en los que la propia autora se reconoce.

 

El autorretrato tiene mucho de radiografía del espíritu que nos ayuda desvelar y a pensar sobre el sí mismo… sobre nosotros mismos.

 

En estas radiografías, resuenan ecos y negaciones que acogen un verde (esperanza) oscuro: nos abocan a vernos como somos:

 

Negruras tatuadas en el alma

 

La incertidumbre de las imágenes no se resuelve, todas las figuras mantienen una tensión latente, un dilema indeciso e irresoluble.

 

Dudamos y sentimos      Penamos y convenimos     Cuestionamos y concebimos.

 

Corporalidad perdida… Color omitido… Materialidad huida…

 

El cuerpo es frágil, la belleza pasajera, la carne vulnerable y perecedera.

 

Designan seres ausentes, inasibles, no encarnados y sin definición temporal que emergen de la iluminación que se filtra por las oquedades desde la densidad de la sombra.

 

Partiendo de la intensidad de El Oscuro, aparece la luz que va trazando los rasgos. El penetrante abismo alberga un tenue resplandor que emana dejando entrever los semblantes. Luces, crepúsculos y espectros del espíritu.

 

Veladuras de la Conciencia…    Transparencias de la Consciencia…

Los once autoretratos se desvelan en el interior de la negrura:

 

Las sombras del fondo

 

En un mar de inseguridades… desde el que nos miramos perplejos… y desde el que no nos es posible ver.

 

Me contemplas, me indagas y analizas para no verme: como tú me miras… como yo me veo…

 

El autorretrato no es una confrontación, es un enfrentamiento:

 

Un duelo, un desafío, un encuentro… una contradicción.

 

El auto-reconocimiento: Tratando de comprender-me. Llegando a lo insondable del mí mismo.

 

Residimos en una sombra que deriva hacia una persistente turbación… el vacío… la nada… en blanco.

 

Solos nos vemos a nosotros mismos observando inmersos en la penumbra, situados en ese lugar arropado por el desasosiego que dibuja el temblor en la oscuridad y el recelo al silencio…

 

Estas representaciones surgen del cuestionamiento como creadora y, asimismo, pueden abrir interrogantes para el lector, que en su mirar trata de responderlos y resolverlos.

 

Como en la fotografía, nos encontramos en cada autorretrato inmersos en una cámara oscura.

 

Las piezas nos amparan en su espacio y desde este lugar brumoso indagamos en lo más recóndito de nuestro penar, pensar y sentir.

 

Pesadumbres e incertidumbres que anidan en la profundidad aciaga

 

El claroscuro evoca atmósferas densas e intensas, como las que moran en los ambientes tenebristas.

 

La hondura, como lugar donde habita lo desconocido, siempre es umbría.

 

Desde la incursión en lo sombrío peregrinamos hacia la claridad tratando de asir lo que define la esencia del re-conocer: la identidad.

 

Percibimos conmovidos la alucinación que impone al espacio el unánime miedo a la turbia noche (inmaterial, inconsistente y siniestra).

 

Los interiores que reflejan las imágenes son lugares habitados de apariencias intuidas.

 

En ese ámbito misterioso y enigmático todo lo demás desaparece quedando oculto. Y es, precisamente, allí, por donde se abre camino un conmovedor brillo desesperado.

 

La luz dirige la mirada aunque nuestra presencia se mantenga furtiva.

 

Nos duele sostener esa luz

Una… y otra…  y otra…  y otra vez… después del anochecer…  de nuevo la oscuridad

 

Son imágenes, en las que nos sorprendemos mirando, que vagan en un angustiado e inquietante fondo monocromo.

 

Muestran dimensiones que acotan una realidad más presagiada que vivida.

 

Amparados por el equilibrio del formato y explorando la permanencia del negro, nuestro transitar se detiene en los textos que van recorriendo los pies de las fotografías. Son concisas sentencias; ideas y pronunciamientos que concitan nuestro sentir sobre la existencia.

 

Tirando piedras al cielo

 

La selección de estos autoretratos nos revela, tantas veces, una extraña certeza:

 

Sí, Soy Yo

 

Intuimos como seremos y estaremos… allí, donde la eternidad se encuentre en un instante.

 

Somos el sentido de un presentimiento profundo

 

 

Somos el aliento de las nubes

 

Somos un instante pasajero

 

Somos niebla entre las manos

 

Somos un suspiro en la confusión

 

Somos un olor para el recuerdo

 

Somos un sollozo en la nieve

 

Somos un frágil silencio

 

Somos vaho en el mar

 

Somos un leve pálpito en el firmamento

 

Somos ceniza en el caos

 

Somos un vacío en el tiempo

 

 

NO SOMOS NADA

 

NO…, SOMOS MENOS QUE NADA

 

SOMOS LA NADA ABSOLUTA




DOI: http://dx.doi.org/10.17583/brac.2017.2674

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